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Futurismo, cien años de tumulto PDF Stampa E-mail
Scritto da Redazione   
Mercoledì 04 Febbraio 2009 08:24

El Futurismo, del que se cumplen cien años: la primera vanguardia organizada, hasta la caricatura, la primera que lo reglamentó todo.

Hay un modo futurista de hacer la poesía, la tipografía, la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, la cocina, la guerra, el amor? En su primer taller, la revista milanesa e internacional Poesia, Marinetti había publicado, por lo general en su idioma original, a italianos, franceses -incluidos Henri de Régnier, Francis Jammes, Jules Romains y algún otro unanimista, Francis Carco y algún que otro fantasista, y un jovencísimo Cocteau-, occitanos, alemanes, ingleses, irlandeses (Yeats), brasileños, húngaros, griegos... No faltaron los españoles -Salvador Rueda, Marquina, G. Martínez Sierra y Eduardo de Ory- y latinoamericanos, y, a propósito de Latinoamérica, hay que recordar el eco que alcanzó allí el Manifiesto del Futurismo, del que enseguida se hicieron eco Rubén Darío o Amado Nervo, o, algo más tarde, Huidobro. Poesia permite entender de qué modo el italiano parte del simbolismo, del verso libre de G. Kahn, de las «ciudades tentaculares» cantadas por el belga Verhaeren, para exacerbar el dinamismo, la velocidad, la enumeración caótica, la fascinación whitmaniana por «la ciudad carnal»?

Letras libres. Del verso libre, Marinetti pasará pronto a las «parole in libertà», a Les mots en liberté futuristes, como se titula, en 1919, uno de sus libros más célebres, en cuyas fantásticas láminas desplegables logra expresar de modo visual el dinamismo del mundo moderno. Tanto él como algunos de sus discípulos realizarán obras plásticas, poemas pintados, a menudo magníficos. Nadie que comenzara a ser moderno en la Italia de los cuarenta primeros años del siglo le dejó indiferente el Futurismo, con sus consignas antivenecianas y anti-claro de luna, y su proclamación de la guerra como única higiene del mundo. El movimiento fundado por el siempre excesivo Marinetti contagió, en algunos casos duraderamente, y en otros, más pasajeramente, a gentes que luego iban a tirar para otro lado, como pueden ser el caso de Giovanni Papini o Julius Evola, del historiador del arte Roberto Longhi -autor en 1914 de un opúsculo sobre la escultura del gran Umberto Boccioni-, de un pintor luego clasicista como Gino Severini, del a la postre metafísico y novecentista Carlo Carrà, del también pintor y ensayista Ardengo Soffici, de Morandi -uno de los que más se alejaría del tumulto-, del diseñador Bruno Munari, o del arquitecto Alberto Sartoris, autor en 1930 de un libro sobre el visionario y malogrado Antonio Sant?Elia.

Mucho más que Italia. Munari o Sartoris: nombres significativos de un segundo Futurismo, dentro del cual nos llaman la atención los «aeropintores», en torno a los cuales, en 2005, pudo contemplarse una excelente exposición en Madrid. Pero no estamos hablando sólo de Italia. Como en 1986 lo demostró la muestra Futurismo e futurismi del Palazzo Grassi, cuyo catálogo es una auténtica mina, paradójicamente celebrada en la Venecia que Marinetti quería convertir en ruinas, del futurismo, casi tan importante como sus realizaciones canónicas, fue lo que suscitó en su periferia, sus consecuencias en Francia -donde Apollinaire llegó a escribir un manifiesto-, en la Alemania post-expresionista de Der Sturm (La tormenta), en la Gran Bretaña vorticista de Ezra Pound y de Wyndham Lewis, en los Estados Unidos de los «bad boys of music» -una obra maestra: el Ballet mécanique (1924), de George Antheil-, en Rusia, en Polonia, en el Portugal de Pessoa y Almada Negreiros, en la España ramoniana y ultraísta -ecos de otro modo en Ramón de Basterra, lector de Verhaeren-, en Latinoamérica y muy especialmente en el México estridentista -ecos también en la música de Silvestre Revueltas-, y en Brasil, en Sâo Paulo, la Paulicéia de Mário de Andrade y demás redactores de Klaxon. En España, la vanguardia literaria empezó con la traducción al castellano del Manifiesto Futurista de Le Figaro. La hizo Gómez de la Serna, y apareció el propio 1909 en las páginas de su revista Prometeo. Al año siguiente, Ramón hizo otro tanto, también en Prometeo, con otro texto del italiano, el manifiesto futurista a los españoles, donde se habla de destruir? las catedrales; texto delante del cual puso unas líneas de su cosecha, que empiezan: «¡Futurismo! ¡Insurrección! ¡Algarada!»? En 1912, esos y otros manifiestos fueron recogidos en el El futurismo, publicado en Valencia por Sempere, y traducido por Germán Gómez de la Mata y Nicasio Hernández Luquero; volumen que tengo en mi biblioteca, con una dedicatoria que reza así: «Al amigo [José] Francés, los representantes occidentales del Futurismo en el distrito del Hospicio dedican esta obra con permiso de papá Marinetti».

A tres bandas. Cuando Marinetti, en 1928, casi veinte años después de aquellos manifiestos, visitó Madrid, quiso ver a tres personas: a Ramón, al ex-ultraísta Guillermo de Torre y a Ernesto Giménez Caballero. El viaje inspiraría al italiano un libro titulado Spagna veloce e toro futurista (1931), dedicado a los tres. El más contagiado de marinettismo iba a ser Gecé, como puede comprobarse en la entrevista que le hace al italiano en La Gaceta Literaria, puesta bajo el signo de «Italia, violencia, porvenir». La ulterior deriva política del español -cuya mujer era florentina- iba a ser parecida a la del ilustre visitante, ya por aquel entonces convertido en pieza importante del aparato cultural del fascismo triunfante. A propósito de Guillermo de Torre, hay que decir que no poco de lo más interesante del Ultraísmo había sido de orígen futurista: ver por ejemplo las «poemáticas esquematizaciones fantasistas» de Eugenio Montes, el período vibracionista de Barradas, o Fabricación (1922) y otras músicas de su hermana Carmen. Por lo que se refiere a otro viaje, el primero de los dos que Marinetti realizó a Latinoamérica, recomiendo la lectura de sus Taccuini póstumos (1987), en los cuales comparecen las principales figuras del modernismo brasileño y del martinfierrismo argentino, incluidos dos ex-ultraístas, Norah Borges y su hermano Jorge Luis.

Juan Manuel Bonet 

Fonte ABC 


Ultimo aggiornamento Mercoledì 04 Febbraio 2009 09:04
 

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