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El futurismo y el siglo de las Vanguardias PDF Stampa E-mail
Scritto da Redazione   
Mercoledì 04 Febbraio 2009 10:31

In occasione del centenario della nascita del futurismo pubblichiamo un articolo di Ugo Rufino apparso su ABC del 31 gennaio u.s.

El Manifesto del Futurismo, publicado en la Gaceta dell’Emilia el 5 de febrero de 1909 y, con posterioridad, el 20 de febrero de ese mismo año en las páginas del diario francés Le Figaro, representa un profundo cisma en el contexto sociopolítico de la Italia del siglo XX mientras, en lo que respecta a la historia de las nacientes vanguardias, supone el auténtico núcleo del que parten las múltiples líneas del discurso artístico de esos movimientos, capaces de desbaratar los retazos que quedaban de la cultura europea romántica. El ímpetu y el asalto de la vanguardia futurista, lanzados contra la cultura tradicional, implican confianza en ese progreso que se va afirmando a principios de siglo con fuerza, velocidad y dinamismo a través de la ideología de la máquina. En el ámbito de la sociedad y de la cultura italiana, el Futurismo contribuye a un proceso de trasformación y modernización, permitiendo a la literatura nacional retomar el prestigio después de siglos de decadencia y de estar en contacto con otros grandes movimientos de las vanguardias europeas.

Un prometeismo macchinista, de hecho, atraviesa las proclamas futuristas reflejadas en sus Manifiestos, que se convierten en el verdadero instrumento de propaganda y difusión de la teoría futurista, folios polémicos que militarizan la palabra en un torbellino “polemizante” contra todo lo que significa pasado. La velocidad comunicativa de la era contemporánea, a la que contribuye en buena parte el lenguaje de las vanguardias, se traduce, en y gracias a la creación futurista, en signos más rápidos y directos en todos los ámbitos de la expresión artística: desde la poesía a la novela, al teatro, a la danza, a la arquitectura, al diseño, a la fotografía, a la pintura, al cine, a la cocina, a la radio y a la moda. La fuerza revolucionaria del Futurismo se halla en la propuesta de un lenguaje radical basado en técnicas comunicativas innovadoras en un intento de reconstrucción del universo que evidencia una auténtica neue Weltanschauung.

La indiscutible fuerza innovadora de las vanguardias del Novecento está en haber hecho posibles el desarrollo de los portentosos acontecimientos históricos de la primera mitad de siglo, haciendo estallar las contradicciones de la vieja sociedad, al unirse a las ideologías que contribuyeron a las transformaciones de regímenes políticos y económicos. La tendencia hacia lo nuevo transforma al movimiento futurista en protagonista de los tiempos modernos, “cafeína de Europa” cargada de energía vitalista e ímpetu que se transforma en superhombre capaz de descomponer el antiguo edificio del saber concebido hasta entonces de manera unitaria. Podemos, pues, afirmar sin duda que en los contenidos teóricos de la vanguardia futurista se encuentra una nueva visión del saber más laica, empapada de elementos filosóficos y psicoanalíticos y, en el plano ideológico, contribuciones anarquistas, nihilistas, socialistas y nacionalistas. También descubrimos una gran innovación en el lenguaje teatral que rompe con la estructura de la escena tradicional y afirma un nuevo drama lleno de contenidos teóricos basado sobre todo en los presupuestos de la síntesis, la velocidad y la simultaneidad.

La figura de Marinetti, como padre fundador del movimiento futurista, sobresale desde el origen de esta vanguardia de fuerte caracterización literaria, hasta el punto de acuñar un sello determinante en el que va a ser difícil, al menos en los primeros momentos, distinguir futurismo de marinettismo; hay que resaltar también la aportación teórica y creativa de otros protagonistas copartícipes y representantes de las diferentes corrientes dentro de la vanguardia italiana, entre los que se encuentran Boccioni, Carrà, Balla, Russolo, Severino, Prampolini, Benedetta Cappa, Corra y Settimelli.

El arte futurista, por ejemplo, dará gran visibilidad a la vanguardia italiana, permitiéndole salir fuera de los angostos confines nacionales y produciendo escritos teóricos que evidencian una vez más una riquísima identidad a través de otros muchos Manifiestos vanguardistas: Manifesto dei pittori futuristi, Manifesto della scultura futurista, Manifesto dei musicisti futuristi, Manifesto dell’architettura futurista, Manifesto del Teatro futurista, etc.. En el campo cultural los futuristas, según el análisis gramsciano, fueron auténticos revolucionarios porque, en su intento destructor, no se preocuparon de los resultados de su arte, aunque, gracias a su ardor juvenil y a su gran confianza en sí mismos, supieron interpretar el espíritu de la era industrial que generó nuevas formas de arte, de filosofía, de costumbres y de lenguaje cuyos resultados llegan hasta nuestros días, insertándose en la multitud de movimientos vanguardistas contemporáneos.

Este ardor revolucionario, sin duda radical e innovador en el plano artístico, presentó muchas contradicciones en el plano ideológico-político desde el momento en que su vitalismo creativo se transforma en belicismo y en euforia tanatológica, cuando el movimiento tiene que rendir cuentas sobre la necesidad de la guerra y sobre su participación en el régimen político mussoliniano. Si, de hecho, la Primera Guerra Mundial la ven los futuristas como “única higiene del mundo”, su violencia “incendiaria y arrolladora” no se valora en todo su alcance histórico y menos todavía cuando Marinetti y el movimiento tienen que dialogar con el incipiente régimen de Mussolini, hacia el que van a mantener una actitud favorable en los primeros tiempos hasta llegar incluso a comprometerse con la causa y ser portadores de su ideología.

De la misma manera, en el plano de las libertades políticas y sociales proclamadas en los primeros Manifiestos (Democrazia futurista, Al di là del Comunismo, Manifesto della donna futurista, etc.) a favor de los contenidos democráticos y libertarios: amor libre, divorcio, protagonismo de la mujer, ésta última concebida “como la parte mejor de la humanidad”, el Futurismo cae en otras tantas contradicciones que ponen en peligro todo el aparato teórico inicial.

Todas estas incoherencias, presentes sobre todo en la obra del fundador del movimiento, permiten recoger paradojas sometidas siempre a rectificación, ya que soportan el hechizo de la anomalía teórica en lucha constante contra el pasado en su intento de dar un gran valor a la invención de un individuo renovado y libre de cualquier forma de unión social con el pasado; la misma escritura futurista, construida con una verve narrativa sobre proclamas con fines intencionadamente propagandistas, se presta a este juego contradictorio.

Sin embargo, ante la responsabilidad de la Historia, el Futurismo muestra todas sus debilidades y no logra prefigurar los desastres de la Europa atravesada por sanguíneos conflictos bélicos, que el mismo movimiento vanguardista italiano había auspiciado y en cuyo violento torbellino queda implicado.

Ugo Rufino 


Ultimo aggiornamento Mercoledì 04 Febbraio 2009 10:50
 

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